Los beneficios de una buena redacción

    Aunque vivimos en un mundo casi totalmente informatizado, escribir no ha dejado de ser una actividad necesaria en el día a día. Escribimos en todo momento cualquier tipo de texto; ya sea tradicionalmente con un lápiz y un papel o digitalmente con un ordenador o un teléfono móvil. Para los profesionales que se dedican a la redacción, escribir se convierte en algo más que un dictado de escuela o un mensaje de texto a un amigo, entonces cabe plantearse si se está haciendo bien o se debería mejorar la técnica.

La RAE lo deja bien claro, "la escritura es el arte de escribir" y, como cualquier arte, no es fácil dominarlo. Escribir correctamente nos sirve muchas cosas incluso en pleno siglo XXI: para ingresar en universidades, para redactar tesis, reseñas o críticas, para tener más posibilidades de conseguir un empleo relacionado con la redacción, etc. En estos casos, Daniel Cassany (1995) explica que "escribir se convierte en una tarea tan ardua como construir una casa, llevar la contabilidad de una empresa o diseñar una coreografía."

Tampoco hay que olvidar que la escritura ha sido un elemento clave para cambiar la historia del mundo. Muchos de los textos que nos rigen hoy en día, por no decir la gran mayoría, están redactados por grandes intelectuales de su época. Este es otro de los motivos por los que realizar una buena redacción cobra importancia, sobre todo si lo que se pretende es influir en otras personas o en el curso de los acontecimientos. En este artículo me centraré en la redacción como un acto de comunicación profesional.
Para escribir sólo hay que tener algo que decir.
Camilo José Cela (1916-2002), escritor español.

La redacción es una capacidad únicamente humana que trata de la expresión de ideas, sentimientos o pensamientos de manera escrita, bien en formato físico o en digital. Es un acto comunicativo, pues existe un emisor que emite un mensaje (el que redacta el texto) y un receptor que lo recibe y lo decodifica para luego interpretar sus ideas (el que lo lee).

Parar lograr un buen resultado con nuestro escrito, hay que dominar las estrategias de la redacción; la claridad, la concisión y la sencillez, así como tener habilidades y actitudes que nos permitan expresarnos con claridad, con orden y corrección (Cassany, 1995). La clave está en escribir correctamente, y esto se consigue escribiendo mucho y teniendo presentes el buen gusto, el sentido común, la espontaneidad, los modelos de los buenos escritores y las normas gramaticales (Gomez, 2012).
Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.
Simone de Beauvoir (1908-1986), novelista e intelectual francesa.

Asimismo, es importante respetar un orden lógico en el texto. Hector Gómez (2012) en su libro El arte de escribir correctamente, asegura que "para llegar directamente al lector y llamar la atención es necesario escribir en forma sencilla y clara, sin complicaciones y rodeos superfluos". Un texto desordenado, lleno de incoherencias, por no mencionar las faltas de ortografía, le restaría seriedad y credibilidad. Tenemos que pensar en quién nos va a leer o, como diría José Miró en su Manual de escritura técnica, "tener piedad del pobre lector". "No escribimos para entendernos nosotros mismos, sino para que otros nos entiendan" (Miró, 2005).

También es muy importante tener claro el tipo de lector al que nos dirigimos. No es lo mismo escribir para adolescentes que para profesores de universidad, así como no es lo mismo escribir bien que escribir correcto. "Al escribir un texto la forma y el contenido dependen estrechamente del auditorio a quien nos dirigimos, del contexto en que lo realizamos y del dominio sobre el tema que tengamos" (Aguilar, 2018), de modo que también cobra importancia planificar la redacción de acuerdo a nuestros objetivos.

¿Y eso es todo? No, faltaría dotar al texto de nuestro estilo particular. No existe una única manera de escribir. Cassany (1995) expone que "cada cual tiene que encontrar su estilo personal de composición" y que "existen tantas formas de escribir como escritores y escritoras", por lo que cada profesional es libre de añadirle su estilo propio a los textos que redacta para que puedan distinguirse del resto. Cuando nuestro texto reúna todas las características anteriores, lograremos tener el impacto deseado. Una buena redacción es imprescindible para obtener beneficios como despertar interés en el lector, engancharlo, informarle de algo o incluso convencerlo.

En resumidas cuentas los beneficios de una buena redacción sólo se pueden conseguir con mucha práctica, una buena planificación del texto, un buen dominio de la gramática y un orden claro para que pueda pueda resultar interesante e inteligible para el público que nos va a leer.
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Poemas y otras barbaridades | Juan José Domínguez

    Un canto al mundo de las realidades injustas, una súplica al amor verdadero o un llanto al desconsuelo de un futuro incierto. Son muchas las maneras en las que un individuo es capaz de expresar lo que siente o piensa, mas la poesía es por excelencia la virtud del ser humano para extraer de su alma hasta el más oculto de sus sentimientos. Juan José Domínguez nos trae su poemario Poemas y otras barbaridades (2019) en el que ha plasmado sus soledades, sus añoranzas y sus intimidades más entrañables.

Son muchos los que se han atrevido a transcribir, tras esta cuarentena, sus garabatos y esbozos del cuaderno de notas a la lectura, con la idea de llegar a aquellos lectores curiosos que buscan un cúmulo de emociones más cercano a su época con el que sentirse identificado. Esa es la magia que empuja a muchos poetas a publicar sus versos por vez primera, confiando en que abrir su mundo interior pueda servir para arrojar algo de luz a la vida confinada.

La poesía sería un gran laguna gris sin la gente que la aprecia, así como una huérfana sin los poetas que la veneran y la difunden. Es por eso que tan bien lo hace el que insiste en construir nuevos versos como el que escribe con las mangas repletas de rimas.

Poemas y otras barbaridades es uno de los recopilatorios en verso que más recomendaría leer durante estos tiempos "covidescos" para abrirse a experiencias ajenas, viajar entre sentimientos y poder ver un mundo bello sin tener que salir de casa.
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Los juegos como actividad didáctica

    A menudo, los profesores de español nos enfrentamos a grupos de estudiantes en los que los métodos prácticos convencionales no terminan de funcionar. Hay estudiantes que reaccionan positivamente al practicar lo aprendido con un diálogo, un tema de conversación o incluso entonando una canción. En cambio, la reiteración de este tipo de técnicas puede provocar un aburrimiento contagioso, con la consecuente pérdida de atención.

Según un artículo publicado por la Universidad Internacional de Valencia (2016), la causa que favorece la distracción de un grupo de estudiantes "suele ser compleja, confluyendo factores sociales, de comportamiento colectivo e incluso familiares." Por otro lado, una investigación realizada por la Universidad de Veracruz sostiene que "la motivación es un factor decisivo en el proceso de enseñanza y el profesor debe propiciarla para dar razón de ser a las clases", (López Aguilar, 2010). De este modo, lograr una mayor atención no es sólo labor del estudiante, sino de un profesor preparado que sepa dotar sus lecciones de actividades dinámicas y motivacionales.
La actividad creativa es un tipo de proceso de aprendizaje en el que el profesor y el alumno se hallan en el mismo individuo.”  
Arthur Koestler (1905-1983), escritor británico de origen húngaro.

El diseño de actividades y programas visuales y auditivos que puedan fortalecer los niveles atencionales es una estrategia importante en la activación de los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje (Marcela Ojeda 2014), lo que influye en la atención de los estudiantes y, por lo tanto, en el aprendizaje de idiomas extranjeros.

Desde mi experiencia, puedo asegurar que los juegos en clase suelen surtir efecto a la hora de motivar a los alumnos para seguir estudiando un idioma. Así pues, un estudio publicado en una revista digital para profesionales de la enseñanza (2010) coloca la acción de realizar juegos como uno de los cuatro métodos que impiden la pérdida de atención de los estudiantes en clase, pues "son de vital importancia para mantener activo al estudiante e inmerso en el aprendizaje lo que evita el aburrimiento y propicia un ambiente social y afectivo adecuado en el aula", (López Aguilar, 2010).

Para la enseñanza del español como lengua extranjera existen multitud de actividades lúdicas que se pueden combinar con la mayoría de los temas de gramática. Por ejemplo, un juego que acostumbro a usar con mis estudiantes para practicar las formas verbales es el clásico de hundir la flota en el que lanzar las bombas consiste en conjugar los verbos dados. Otro muy bueno es el "quién es quién", con el que se puede practicar de manera divertida las descripciones y así hacer la clase más amena que si se hubiese instado al alumno a describir la imagen de un actor sacada de Internet.

No solamente los juegos convencionales sirven para enseñar idiomas. En el ámbito educativo también "cobra especial importancia el uso de las TIC en los procesos educativos; por lo que las instituciones educativas deben apostar en la innovación educativa" (Bernal Pico, 2017). Es así como en la red encontré varias actividades interactivas para participar toda la clase, como el popular juego kahoot, que trata de responder a preguntas personalizables y relacionadas con un tema determinado. 
“El maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío.” 
Horace Mann (1796-1859), educador estadounidense.

Como se puede ver, hay muchas opciones para acotar las clases y que los alumnos no se cansen, pero de nada sirven sin la voluntad docente para ponerlas en práctica. López Aguilar (2010): "fomentar la participación activa y la interacción entre los estudiantes permite que estos dejen de ser receptores pasivos de los contenidos y no se aburran." Asimismo, podemos concluir que el empleo de los juegos en clase como práctica de los conocimientos teóricos fomenta el aprendizaje de idiomas dada su capacidad de sostener la atención del estudiante, que participa de forma activa, evitando así las distracciones y la pérdida de interés.
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Nieve, piano y donuts

    Noviembre de 2018, para mí fue un año muy frío, para otros había sido el menos nevado. Me disponía a hacer las maletas para irme. El gato no estaba muy contento con la idea. Tenía que salir del país cuanto antes, aunque en el fondo me sentía como si me hubieran desterrado. El visado me caducaba en unos días.

Era la primera vez que iba a cruzar una frontera real en autobús. Siempre me había imaginado que las fronteras eran lugares muy serios que sólo se podían cruzar en tren, o en barco, o en avión. Allí estábamos nosotros, unos treinta y tantos rusos y yo, un español perdido, bajando del vehículo en las puertas de Narva, a unos veinte grados bajo cero y con las rodillas entumecidas del viaje.

La imagen de la frontera rusa con Estonia era decepcionante, casi rozando lo ridículo. Recuerdo que la funcionaria, una mujer estonia grandota de edad media y mirada antipática, no me dejaba volver a Europa a pesar de haberle mostrado mi pasaporte. Gracias a Dios, llamó a su colega, un chico joven y con apariencia más abierto que ella. Después de intercambiar unas palabras con él, y con la suerte de que llevaba mi DNI encima, el chico hizo un gesto afable a la señora que interpreté como que todo estaba bien y que podían dejarme pasar. 

La entrada a Europa consistía en dos puertas de color beige, una a cada lado de la oficina acristalada en la que me habían recibido. A mí me indicaron la puerta derecha. No sé si eso tendría algún significado, lo único que tengo claro es que me sentí todavía más perdido cuando la crucé. Delante de mí había una especie de laberinto blanco construido con paredes postizas de esas de cartón. Como no había nadie alrededor para indicarme el camino, seguí el laberinto hasta que tuve la oportunidad de girar a la izquierda o a la derecha. Elegí la izquierda porque era el lado en el que más cerca veía la puerta de salida. Ya podía oír el autobús arrancando. Sin embargo, algo me impidió seguir adelante. Detrás de mí, sonó un chistido que me decía que por ahí no podía continuar.

Otra señora estonia del mismo peso que la anterior me estaba esperando al otro extremo de la sala. Me hizo indicaciones de que debía seguirla, y evidentemente la seguí. Me llevó hasta un lugar donde había unas mesas de color blanco. Me preguntó qué llevaba en la maleta. "Ropa y desodorante", le dije. Pero no se fió de mí y me ordenó abrirla para demostrarlo. Como había pasado por una mala racha, en ese momento no llevaba mi inseparable fajo de billetes de quinientos euros (sarcasmo). En fin, la funcionaria no vio nada sospechoso y me permitió seguir mi camino. No fue esa suerte, sin embargo, la de un abuelo ruso al que un perro adiestrado pilló con una cajita de pastillas, se ve que ilegales en Estonia, dentro de la maleta. Pero esa es otra historia.

Pasar la frontera rusa solo era el principio. También había que pasar la europea. Calculo que bajamos y subimos del autobús unas tres veces. El viaje desde una esquina de Estonia hasta la capital letona todavía no había terminado. Tuve suerte de que el autobús contara con calefacción, una máquina de café, una televisión y un baño. Unas horas más y llegamos a la estación de autobuses de Riga, aunque no por ello me encontraba más desahogado. La calle estaba helada y oscura. Para colmo, el hostal donde debía alojarme estaba cerrado y tuve que pasar el resto de la noche dentro de la estación, intentando no mirar directamente a los ojos de los vagabundos que también iban huyendo del oscuro y frío invierno báltico. La noche me pareció eterna. Cuando por fin amaneció, me dirigí al hostal desando poder echarme un rato sobre una mullida y calentita cama. Yo no soy de los que consiguen conciliar el sueño con el ruido de un motor de fondo.

El recepcionista del hostal casi me cerró la puerta al verme aparecer con las pintas de un desamparado y unas ojeras que me llegaban hasta los tobillos. El hostal no estaba mal. Para su precio, me esperaba que el baño tuviera moho en las paredes o algo así. Me alivió ver que la cama tampoco tenía rastros de sangre. El lugar, en general, estaba bastante destartalado. Olía a viejo húmedo por todas partes, seguramente de que la gente entrara y saliera con las botas llenas de barro. Una de las cosas buenas que tenía era una máquina de café en el pasillo. El café no estaba muy bien pero hacía un chocolate buenísimo. Por suerte, en la planta baja del edificio había un McCafé que tenía que cruzar cada vez que quería entrar al hostal. Tuve que adaptarme al horario del establecimiento, pero no me importaba porque las últimas horas del día las pasaba comiendo alguna mierda.

Mi habitación era bastante pequeña, no creo que tuviera más de diez metros cuadrados. Dos camas individuales estaban empotradas a lo largo del habitáculo, un perchero roto, un espejo sucio y una mesita con una forma muy rara las acompañaban. También había una ventana muy grande, de esas del norte que llegan casi al techo, que daba a unas vistas no muy bonitas de un centro comercial. Las paredes eran de cartón, por lo que se podía oír hasta las respiraciones del vecino de al lado. De los ronquidos mejor ni hablamos. La habitación estaba bien, para qué engañarnos. Al menos tenía una ventana, y hasta con cortina rosa y todo.

Mi estancia en Riga se me hizo bastante larga, pero encontré los ánimos suficientes para visitar el casco antiguo. Me sorprendió mucho que un lugar tan gris desprendiera tanta belleza. Sinceramente, no conozco una ciudad española con un nivel similar de conservación del patrimonio histórico. Ni una pintada de spray en las paredes, ni un botellín de cerveza tirado en la calle... Todo estaba tan impecable como en Rusia, algo que no puedo decir de mi patria. Supongo que es una cuestión de respeto, el que los rusos y letones tienen hacia su historia, una cosa que a nosotros, los españoles, nos cuesta tanto comprender.

Tenía claro que me iba a quedar en Riga una temporadita, de modo que decidí buscar algún quehacer. Una tarde encontré una peculiar cafetería cerca de la central de visados y del barrio modernista. He de admitir que fue de los mejores descubrimientos que hice. También encontré de casualidad la sede de la plataforma ask.fm, lo que despertó en mí algunos buenos recuerdos de mi adolescencia.

La cafetería no era muy popular. Se llamaba algo así como zdonuts. Ahora mismo no lo recuerdo bien. Supuse que su título venía de que, además de una cafetería, también era una tienda de donuts. Tenían de todos los sabores y colores, rellenos y sin rellenar. A mí me gustaba mucho el de coco y el de chocolate (por supuesto). Costaban alrededor de 0,80€ la unidad. No era nada si tenemos en cuenta que los ponían en una cestita la mar de mona. A menudo iba allí para sentarme en una de las mesas de madera a pensar en mis cosas y a mirar la nieve por la ventana mientras me tomaba un café. Pero lo que más me gustaba del lugar no eran sus donuts, ni sus vistas a la calle nevada. Lo que hizo que me enamorara definitivamente de Riga es que allí, como en San Petersburgo, las cafeterías están decoradas en el estilo del siglo XIX, lo que innegablemente significa que tendrán un piano de pared encajonado en un rincón.

Así pues, fue mi rutina diaria despertarme temprano para ir a tocar el piano en aquella acogedora cafetería riguesa. Entonces sentía cómo mis preocupaciones se desvanecían flotando entre las notas o disolviéndose como el azúcar en el café. Ni la nieve, que se iba acumulando en la calle, me impedía ir cada día a mi santuario. Allí también aplaudían mis torpes conciertuchos, algo que ayudó a que empezaran a tratarme como a un cliente habitual. Gracia a eso, en una ocasión me invitaron a un donut de fresa.

Los últimos días en el hostal fueron un poco incómodos. Yo no tenía muy buen aspecto que digamos. Me había crecido mucho la barba y tenía el pelo como un estropajo. Por eso decidí no aparecer más por la cafetería, no fuera que diera náuseas a los clientes y vomitaran todos los donuts al dueño. Ya no estaba para más trotes. Además, mi pijama olía a rayos, y mi cama también. Al parecer no lavaban las habitaciones si el huésped no se había marchado, o esa fue mi impresión. A mi habitación no había entrado nadie a limpiar desde hacía casi un mes. A las contiguas puedo suponer que sí porque cada noche escuchaba una pareja nueva. De no ser porque no me quedaba más dinero, me habría cambiado de alojamiento al primer orgasmo. ¿He dicho ya que las paredes eran de cartón? Pues eso, que aguanté hasta el último día. Cuando fui a hacer el check out, al recepcionista se le pusieron los ojos como platos buscando mi nombre en su libro de registros. Supongo que no dio crédito al ver que había sobrevivido tanto tiempo en su casa.

¡Qué buenos recuerdos aquellos de hace dos años! Entonces no me preocupaban mis pantalones sudados ni mis piernas pegajosas. Vivía como un desamparado sin echar en falta la libertad. Puede que ésta no fuera una gran historia llena aventuras por el bosque, romances bajo la lluvia o descubrimientos sorprendentes, sin embargo, tiene todos los elementos que, en mi opinión, tiene toda buena experiencia: nieve, piano y donuts.
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Publicación | Revista Crisopeya

    Me han publicado el microcuento "El desagüe" en la revista colombiana de arte y literatura "Crisopeya". Estoy muy contento de su publicación porque es uno de los textos que escribí en Rusia antes de volver a España. Por eso le tengo tanto cariño. Ha sido una gran sorpresa recibir la noticia de su publicación. Lo podéis leer aquí.

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La gran nevada | Holden Centeno

    En estas fechas tan entrañables y esperadas, se hace necesario amenizar el frío con un poco de literatura. Aunque la historia está hilada sobre un mano blanco, La gran nevada (2017) de Holden Centeno consigue ofrecernos esa calidez tan deseada en estos tiempos de pandemia.

Entre sus páginas no se esconde una historia típica de Navidad. Se trata de un relato que se puede leer en cualquier época del año para descubrir el vínculo de un tierno amor contemplado desde los ojos de un niño inocente. 

Cabe resaltar la facilidad del autor para expresar los sentimientos ajenos desde un punto de vista infantil. El amor, la ternura, la decepción, la locura... Todo ello se encuentra enlazado en un relato que logra calentar hasta los corazones más helados.

La gran nevada de Holden Centeno es una de esas lecturas recomendables para reducir significativamente esas horas de cuarentena en las que nos preguntamos: ¿Seré el único que lo está pasando mal?

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Vive entre cadáveres | A. Fuentegrís

    La vida está llena de misterio, de extrañas situaciones, y de gente rara que puede dar un vuelco a nuestra forma de ver las cosas. Es difícil saberlo todo, y entenderlo menos aún. A veces, las vivencias que tenemos con otras personas son capaces de romper las reglas más conformadas en nuestra sociedad. No importa la edad ni el lugar. Un peculiar descubrimiento puede tener lugar en una oficina, o en un instituto de secundaria. En éste último escenario es donde lo vive Marcos, el protagonista de Vive entre cadáveres (2018) del escritor A. Fuentegrís.

Trata del romance entre Marcos, un popular estudiante de secundaria, que se enamora de Alejandra, la chica rara del instituto. La vida en torno a la muchacha es cuanto menos enigmática, razón por la cual Marcos decide indagar en su pasado en cuanto descubre que es el amor de su vida. Sin embargo, lo que ella esconde no es un secreto cualquiera...

La historia se desenvuelve en una serie de escenarios tan cercanos para mí que no he podido desprenderme de cada página. Cada detalle descrito por el autor bajo un chaparrón de diálogos entrelazados que resultan de una precipitada pasión por contar hasta el más minúsculo aliento.

Vive entre cadáveres de A. Fuentegrís es una entrañable historia de amor llena de baches y rozaduras que recomiendo a los amantes del misterio y de las relaciones enrevesadas, apuntillada con un final atípico que dejará con ganas de una segunda parte.

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Publicación | Ficciones Lado|B|erlin

    La revista digital Lado|B|erlin ha publicado mi microcuento "El Maniquí" en su sección de ficciones. Aunque es un relato del que no estoy muy orgulloso, fue una gran sorpresa y un gusto para mí recibir la noticia de que lo habían seleccionado para su publicación. El microcuento se puede leer aquí.

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El arte ayuda a aprender idiomas

    El diccionario de la RAE define el arte como "la manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros." Para los profesores de español como lengua extranjera, en cambio, es algo mucho más que eso.

Se tiene asimilada la idea de que cada cosa va por su lado, es decir, que para ser artista es necesario usar en mayor medida una parte del cerebro y para ser filólogo la otra. Según un artículo en la revista Arte, Individuo y Sociedad de Manuel Hernández (1990), al hemisferio derecho se le suele atribuir la creatividad y la imaginación mientras que el izquierdo es el encargado de procesar el lenguaje y la lógica. Para otros expertos, la idea de que usamos un lado diferente del cerebro para el arte y el lenguaje se ha quedado obsoleta (Julio Romero, 1996). Yo soy de los que piensan que el arte nos puede enseñar muchas cosas, y entre ellas está aprender otros idiomas.
Si el mundo fuera claro, el arte no existiría.
Albert Camus (1913-1960) Escritor francés.

De acuerdo con los estudios de Claude Lévi-Strauss (1993), los hombres hablan miles de lenguas ininteligibles, pero se las puede traducir porque todas poseen un vocabulario que remite a una "experiencia universal." Esta experiencia no puede ser, ni más ni menos, que la que se percibe a través de los cinco sentidos y que posteriormente se codifica en sonidos, palabras, sílabas y letras. 

No es nada nuevo que un profesor de español use alguna canción de Juanes en una de sus clases para enseñar el subjuntivo. Eso de rellenar huecos al tiempo que se escucha la canción es un clásico. Según Strauss, "la música, al no significar, proviene toda ella por entero de la sensación." El uso de la música genera sensaciones estimulantes en el estudiante que muchas veces lo ayudan a asimilar conceptos como vocabulario o formas gramaticales complejas. En muchos casos, ese estímulo que genera el cuarto arte se debe a su capacidad motivadora.

Por otro lado, los pintores están constantemente observando su entorno. Absorben todo lo que ven. Cuando no encuentran lo que buscan, van mucho más allá de sus límites. Fue Van Gogh uno de los que huyeron de la grisácea Holanda para plasmar en sus lienzos esos colores del sur de Francia que tanta falta le hacían. "El artista es una persona de gran intuición, rica en acciones experimentales, sensaciones, sentimientos, vivencias y afectividades" (Manuel Sánchez, 1996). Dado que el arte es desarrollado principalmente por la motivación del artista y que todos poseemos un hemisferio capaz de crear arte, no sería nada descabellado afirmar el arte es capaz de motivar a un estudiante para que aprenda idiomas.

La motivación constituye un aspecto primordial en la enseñanza, ya que es la encargada de hacer que un estudiante haga o no determinadas tareas. A menudo utilizo el "Guernica" de Picasso para que mis alumnos de A1, que en su mayoría son niños, busquen e identifiquen en español cada animal que ven representado en la obra. Muchos estarán de acuerdo conmigo en lo difícil que resulta despertar el interés en los niños a clase de español. Es en estos casos cuando verdaderamente la motivación depende del profesor. Melina Furman asegura en el XI Foro Latinoamericano de Educación que "es importante que los alumnos participen en prácticas auténticas como la indagación y el diseño, con el docente como guía en esas exploraciones, haciendo necesario visibilizar el pensamiento."
“El arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres.”
Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.

Según la experta en Educación Primaria y Secundaria, Mónica Ramos Ferre, "la motivación afecta directamente al rendimiento académico, dado que mantiene una actitud intensa y sostenida durante el aprendizaje." Si un alumno no muestra interés por la tarea, no conseguirá llevarla a cabo. Existe relación entre el nivel de motivación con la capacidad de rendimiento. "Cuando un sujeto se siente autocompetente, su implicación activa en el proceso de aprendizaje aumenta; y sabrá apreciar las tareas y los objetivos de aprendizaje" (Mónica Ramos, 2014).

En conclusión, emplear actividades artísticas en clase, como la muestra de un cuadro de Picaso o la escucha de una canción de Juanes, produce sensaciones positivas que estimulan y motivan a los estudiantes para llevar a cabo las tareas y, en el caso de los estudiantes de español, aprender el idioma con mayor facilidad que con una lección convencional.
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Amarte | Iván Hernández

    ¿Iríamos a Marte si nos dijeran que allí encontraríamos al amor de nuestra vida? Puede parecer una idea descabellada, aunque no tanto para los que en la Tierra se sienten tan tristes y vacíos que desearían cambiar de aires. En la era de las tecnologías, enamorarse de un marciano no es tan raro como se oye.  Iván Hernández lo demuestra con Amarte (2014) una singular historia de amor que trasladará al lector a otra atmósfera más roja y árida.

Se trata de una lectura ligera llena de situaciones y diálogos que nos sacarán una sonrisa cuando menos lo esperamos. No faltan los momentos románticos y fogosos en un contexto original donde poco a poco se va formando un entrañable romance entre una granjera y el heredero de una gran empresa ubicada en Marte.

Por supuesto, toda historia de amor también tiene su deslices, traiciones y giros inesperados que harán más entretenidas, y tensas, las relaciones entre los protagonistas. La sombra de un pasado trágico pondrá a prueba el amor más inusual y marciano que habremos leído.

Amarte es, en resumidas cuentas, el libro ideal para lectoras (y lectores) enamoradizas que quieran sentirse flotando más allá de las nubes y experimentar un auténtico romance a la marciana.
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El error de interrumpir a un estudiante de idiomas

    Cuando uno de mis alumnos extranjeros, ya con la capacidad mínima para formar una frase, comienza a explicarme su vida en español, se me saltan las lágrimas. Que mis conocimientos hayan servido para enseñarle a otra persona a hablar mi idioma es para mí uno de los mayores placeres de la vida. Y más cuando esa persona empieza a contarte curiosidades de su país, su cultura y sus costumbres.

Hay que tener paciencia para escuchar hablar a un extranjero. Si careces de ellas, puedes ir olvidándote de dedicarte a la enseñanza de idiomas. Los primeros exámenes orales pueden parecer un hastío para el profesor sin experiencia; largas pausas, balbuceos incontrolables y un intercambio de miradas camaleónicas para quitarle importancia al asunto. Los cinco minutos de una exposición pueden convertirse en veinte. Entonces un profesor harto de quedarse callado, no puede resistirse a corregir cada error que cometa el estudiante, solo para matar el rato, para no quedarse embobado como un pasmarote. Dependiendo del lugar en el mundo en el que estemos, esas interrupciones se pueden tomar más o menos mal. 

Interrumpir a un estudiante de español es, a mi parecer, un hachazo a su motivación y autoestima. Poniéndome en su lugar, si alguien me interrumpiera en medio de una clase para decirme que hablo mal, aunque tuviera razón, pensaría que soy un patoso de cuidado y me encerraría en una cueva para siempre. Esto es una cosa que afecta sobre todo a los jóvenes. Alonso Tapia, Atkinson, Weiner, Dweck y Elliot y Kuhlt sostienen que la desmotivación juvenil es debida a "la elevada experiencia del fracaso" lo que causa que resten "valor" a lo que están estudiando. Dweck y Elliot (1983) consideran que las metas de ejecución se enfocan en la búsqueda continua del éxito y de juicios positivos por otros. Si el profesor está continuamente interrumpiendo al alumno por sus errores, "provocará que el fracaso afecte de forma sumamente negativa al estudiante."
“La educación está reprimiendo los talentos y habilidades de muchos estudiantes y está matando su motivación para aprender.” 
Ken Robinson (1950-2020), escritor inglés.
Asimismo, en el caso en que el estudiante perciba su tarea de forma negativa, es decir, si colaboramos para que el estudiante sienta que está haciendo mal o ha hecho mal los deberes, lo estaríamos sentenciando a seguir una "tendencia de evitación" (Valle y cols., 2007). Los estudiantes terminan motivados negativamente, diezmando sus metas para evitar el fracaso y los juicios negativos de los demás. Esto daría lugar a una baja autoestima.

Inmaculada Junco Herrera enumera varias fuentes de motivación fundamentales para el estudiante, como "el contexto externo a la actividad del alumnado, en el que se incluyen como esenciales las actuaciones del docente y la influencia de los compañeros." Si estamos corrigiendo constantemente a un estudiante puede provocar un efecto contraproducente y llevarlo a que cometa más errores o el mismo error más veces, lo que le generará una baja autoestima. 
“Pienso que el gran error en las escuelas es tratar de enseñar a los niños usando el miedo como motivación. 
Stanley Kubrick (1928-1999), director de cine estadounidense. 
Para evitar esto, Antonio Valle Arias plantea una serie de actuaciones beneficiosas para la autoestima del alumno como "fomentar su confianza, la participación y la autonomía" y "centrarse más en el proceso y no tanto en tanto en el resultado." Asimismo, Valle Arias destaca que "creerse y sentirse capaz" son factores importantes para generar un sentimiento de realización positivo. Por otro lado, Inmaculada Junco Herrera afirma que "los docentes deben ayudar a los alumnos a ser ellos mismos", por eso es importante proporcionarles un método y un conocimiento para que puedan descubrir sus capacidades, siempre permaneciendo "libres de espíritu".

En pocas palabras, interrumpir a nuestros estudiantes remarcando sus errores constantemente no es recomendable salvo que queramos generar una sensación de fracaso e inseguridad que posteriormente los empuje a perder el interés en aprender el idioma.
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Surcos en el alma | Abel Bri

    A veces la vida transcurre rápido, tan rápido que no te das cuenta de que ya estás hecho un hombre hecho y derecho, con una familia y un coche más grande que la felicidad que sientes al desayunar con tu familia. Conduce, camina, reflexiona... Un torrente de pensamientos se apodera de los movimientos del protagonista de Surcos en el alma (2003), la ópera prima del escritor ilicitano Abel Bri. 

Esta acogedora historia nos invita a adentrarnos en las cavilaciones de un hombre que pasa de tenerlo todo a no tener nada. ¿La razón? Siente que ha malgastado su vida y decide abandonar todo lo que ha conseguido en busca de la verdadera felicidad. Hará lo que sea e irá adonde tenga que ir para encontrarla. De este modo, el autor también aprovecha para guiarnos, con un estilo único para las descripciones, por un camino que traza los paisajes más bellos y pintorescos de Alicante. 

Surcos en el alma de Abel Bri es una meditación sobre los verdaderos valores personales con un tono tierno y entrañable, y trata de poner en duda los objetivos finales de las personas, reflejando las consecuencias de vivir en una sociedad dócil y desalentada. 
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El extraño caso de Bernardina | Santiago Restrepo

    En la literatura nos hemos encontrado multitud de prestigiosos detectives como el pasajero del Orient Express, Hércules Poirot, o el peculiar inquilino de Baker 221B, Sherlock Holmes. Por lo general, los protagonistas de las novelas detectivescas se toman muy en serio su trabajo. Rara vez hay algo que se les escape. Su eficacia queda demostrada cada vez que resuelven un enigma. Éste, sin embargo, no es el caso del detective que protagoniza El extraño caso de Bernardina (2014), del escritor colombiano Santiago Restrepo.

En esta historia, Édgar Duarte es un detective privado que responde a la llamada de socorro de Bernardina, una mujer un tanto sospechosa que afirma que su marido ha sido secuestrado. El protagonista tardará un poco en darse cuenta de que las cosas no son como él se esperaba, lo que dará lugar a una serie de sucesos tan ridículos como divertidos.

Por otro lado, este simpático relato consigue sacar a la luz las intenciones más extrañas y sobrecogedoras de la mente humana, aportando algo de color a una situación que a día de hoy terminaría en tragedia y creando así un experimento que mezcla suspenso y comedia. Es interesante recalcar la habilidad de su autor para quitar importancia a la angustia del protagonista mediante el  uso del humor combinado con un modesto estilo colombiano.

El extraño caso de Bernardina de Santiago Restrepo es un relato que recomiendo leer a los amantes de la intriga que quieren pasar un buen rato investigando un ocurrente e inesperado caso de secuestro.
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Aprender idiomas para sobrevivir

    Estamos viviendo unos tiempos difíciles en los que encontrar un trabajo decente es una tarea complicada. Las empresas son cada vez más exigentes, sobre todo para aquellas personas que todavía no han palpado el mundo laboral. Ellos, los jóvenes, son los que más sufrirán la desgracia de haber vivido hasta dos crisis mundiales en lo que va de año, que no es poco.

Las futuras generaciones fueron las primeras en darse cuenta de que los idiomas abrían muchas puertas en el ámbito profesional. El mundo de hoy está más globalizado que nunca y es ahora cuando más falta hace saber, como mínimo, dos idiomas. No es de extrañar ver que una de cada cuatro ofertas de trabajo te exigen que hables al menos otro idioma que no sea el español. Seguramente tú eres de esas personas que ya han terminado la carrera pero que no encuentran trabajo. Eso no es nada nuevo para un recién graduado, y tiene solución.

La mayoría de las veces que envías tu curriculum a una empresa, acabará arrugado en el cubo de basura debido a que no eres la persona que buscan. Piénsalo bien. De cien candidatos que se habrán postulado ante la misma oferta en el mismo sitio, solo dos, como mucho tres, habrán sido seleccionados, y tú no estás entre ellos por falta de formación lingüística. Algunos estudios afirman que hablar como mínimo una lengua extranjera te facilita acceder a un 75% de las ofertas de trabajo. Hoy en día, el inglés sigue siendo el idioma favorito de los contratantes, sin embargo, cada vez son más las empresas que buscan personal que sepa alemán o chino. Por eso los viajes para aprender idiomas extranjeros son la mejor opción para completar tu formación.

El historiador romano Tito Livio decía que "cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito", trasladado al ámbito de la lengua, el hábito en el aprendizaje de una lengua extranjera es usarlo en tu rutina diaria. Está comprobado que las personas aprenden más fácilmente otro idioma en un contexto de inmersión lingüística, esto es la experiencia en un país en el que no puedas utilizar tu lengua nativa, puesto que se trata de una prueba de supervivencia que te ayuda a defenderte contra cualquier situación y a asimilar mejor la lengua. El psicólogo y pedagogo Lev Vygotski (1934) afirmaba que es más fácil aprender otro idioma cuando te comunicas con las personas y su cultura.

Zambullirte en otra sociedad y acercarte a su cultura es indispensable para dominar su idioma, y no hay mejor manera de hacerlo que viviendo una larga temporada en otro país. Para ello, muchas empresas ofrecen a los jóvenes viajes a distintos lados del planeta para que aprendan idiomas de una forma distinta y práctica.
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Publicación | IX Concurso de Microrrelatos Torre-Pacheco

    Con esto del Covid-19, uno se olvida de que el pasado 15 de marzo publicaron uno de mis microrrelatos, titulado "Amor insano", en el blog oficial de la Biblioteca de Torre-Pacheco en relación con el IX Concurso de Microrrelatos de la Biblioteca de Torre-Pacheco. Lo podéis leer aquí.
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Publicación | XI Certamen de Microrrelatos de San Fermín

    Han publicado mi microcuento "Los cuernos" en el blog San Fermín por el XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín. Aunque no he ganado ningún premio, ha sido un honor para mí haber participado en dicho concurso junto a otros grandes escritores. Aquí se puede leer el microcuento.

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Profesor, esa profesión de riesgo

    Casi todo el mundo piensa que ser profesor está chupado. Esta afirmación pudo haber sido cierta en tiempos de nuestros abuelos, sin embargo, ejercer hoy en día la docencia se ha vuelto más peligroso que antes.

Mucha gente se corta cuando está haciendo su trabajo. Muchos se quejan, pero a un profesor no le sirve de nada quejarse por algo a lo que se supone que debe estar acostumbrado. Dicen que ser profesor es una de las profesiones más seguras. Yo digo que lo es a ratos. No cabe duda de que enfrentarse a un aula llena de individuos impredecibles es intimidante, incluso preparar el temario ideal puede ser tan arriesgado como cuando un cocinero despieza la carne o un carpintero sierra la madera.

La primera vez que me corté con un folio fue cuando empecé a trabajar en la primera academia de español en San Petersburgo. Allí, dentro de la sala de profesores, la fotocopiadora no paraba de escupir papeles cada quince minutos. Los folios salían más calientes... Y afilados. Los cogí y comencé a ordenarlos con golpecitos sobre la mesa para graparlos. Fue en ese justo momento cuando ocurrió lo inevitable.

Todavía hoy sigo sintiendo en el dedo índice de la mano derecha. Era un corte tan pequeño que apenas se apreciaba. Su tamaño no tenía nada que ver con el dolor que me produjo. Un accidente así es tan inesperado para cualquier que todos reaccionamos del mismo modo; aspirando aire frío a través de la dentadura y soltándolo con la boca en forma de un dramático "ah". Más o menos es el mismo sonido que cuando nos reventamos al meñique del pie con la pata de la cama. Quizás incluso más dramático.

Los profesores no solo nos arriesgamos a ser agredidos por el papel. También estamos expuestos a los cortes de otras personas, de todas las edades, sexos y nacionalidades, con pensamientos e ideas distintos, y reacciones también distintas. Nos la jugamos cada día con nuestras ideas, palabras y gestos, y también con nuestra puesta en escena, y muchas veces sin saberlo. Por ejemplo, si hay algo que corta más que un folio es la cara larga que te ponen tus estudiantes cuando ven que la clase no les va a gustar; ya sea porque las tildes son menos útiles que aprender a hacer encuestas en Tik Tok, o porque los cantares de gesta no tienen una rima tan interesante como la de Beret o Luis Fonsi.

Por otro lado están los cortes que afectan a nuestra integridad física. No todo el mundo está capacitado para plantarse cada día enfrente de una treintena de adolescentes hormonados o una quincena de rusos patriotas. Claro, ¿quién se va a esperar que unos críos que han llegado fumados vayan a sacarte una navaja en mitad de una clase o que unos extranjeros se vayan a ofender por el inoportuno comentario que has hecho sobre su sopa fría? La reacción de tus alumnos puede ser tan inesperada y dolorosa como cortarse con un folio.

La docencia no es un trabajo para cualquiera, pero a cualquiera le encantaría tener este trabajo. Debo admitir que la segunda vez que sufrí un corte lloré mucho, pero lloré de felicidad, de una cortante satisfacción que me bañó más en nostalgia que en lágrimas. Tengo la suerte de tener uno de los trabajos más gratificantes del mundo. Lo mejor es no centrarse demasiado en sus riesgos, pero tampoco hay que subestimar esas pequeñas anécdotas que nos demuestran que los papeles también pueden cortar.
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En tiempos de necesidad

    El ser humano nace, crece, se reproduce y muere. No importa a qué especie o raza pertenezca, la biología nos ha asignado indiscriminadamente estas funciones a todas las personas. De una forma u otra, todos acabamos haciendo lo mismo de una forma diferente o siguiendo las mismas pautas que sigue la mayoría. Por ejemplo, el hambre puede ser saciado de muchas maneras. Están las personas que cuando tienen hambre se comen una hamburguesa, o las que fuman para no comerse a sí mismas. Lo mismo pasa cuando nos sentimos tristes.

La felicidad no camina sola, sino que va de la mano de nuestras funciones vitales. Esta afirmación puede importunar a mucha gente, sobre todo a los que intentan deshacerse de su esencia humana con un chasquido de dedos, algo que es imposible en una sociedad tan avanzada como la nuestra. Parece que la libertad siempre ha sido un problema para el hombre de la sociedad moderna. Hoy la gente vive en una imaginaria distopía y sienten que deben seguir actuando dentro de un marco de lucha para lograr encontrar su felicidad personal. A diario vemos manifestaciones de colectivos que creen vivir entre rejas, que en el fondo no están tan equivocados porque en realidad no somos libres de buscar nuestros propios caminos a la felicidad. 

Si fuéramos libres, todos podríamos hacer lo que quisiéramos. Apenas lo notamos, pero sobre nuestras cabezas nos mantienen adheridos a unos hilos invisibles que sólo un grupo reducido de "los de arriba" pueden manejar. A su vez, estos manipuladores creen tener la libertad absoluta y que ellos están exentos de cualquier opresión. No hay nadie más infeliz que el que cree que es feliz. Incluso ellos, que a veces sustentan el poder de las masas, caen a la calle cuando les cortan los hilos. No importa de qué escalón de la sociedad sean; gitanos, curas, políticos, empresarios, banqueros, profesores, basureros... Todos se precipitan al vacío tras la más mínima agitación.

Nadie puede desligarse de sus funciones predeterminadas. En tiempos de necesidad, algunas personas piensan que la rebeldía es el camino que ofrece más libertades para vivir, pero hasta las almas libres están sujetas a un ideal que determinará sus acciones y su forma de vida, que en muchas ocasiones terminará por hastiarles. Vivir recluido en los propios pensamientos tampoco es la mejor forma para librarse de ese ventrílocuo imaginario que nos manipula. 

Como ya he dicho, los hombres, como las mujeres, nos movemos por el mundo por nuestras necesidades. A menudo podemos perdernos en ellas, pero es evidente que nos sentimos llenos cuando las satisfacemos. Sin embargo, no son esas necesidades las que determinan un alma libre porque sencillamente van ligadas a funciones más básicas que espirituales que nos dopan de alegría y a su vez nos encierran en una jaula de frustraciones y caminos a medio andar. ¿Cuál es entonces la libertad que nos queda? Ninguna, al menos no desde mi punto de vista. 

Yo me considero parte de la generación de jóvenes que casi se despertó del sueño. En su día abrimos los ojos, miramos a nuestro alrededor y nos dijimos: "¿Qué es esto? No es lo que había imaginado". De esa colisión de cuestiones surgieron dos grupos: el de los que preferían nadar en un mar de flores y el de los que se construyeron una barca con pétalos para que fuera má fácil llegar a la orilla. Yo opté por el segundo, aunque bien tarde, y mi decisión no me decepcionó menos que los que prefirieron seguir a la deriva.

Seguimos en tiempos de necesidad, y hoy observo a esas almas de cántaro estamparse contra sus propias metas, siguiendo la línea que siguieron todos los que vinieron antes, sin obtener algún resultado satisfactorio que les proporcione la verdadera felicidad. Y uno se pregunta cómo consiguen todavía seguir respirando y no haberse hundido con sus propios ideales. Y también me pregunto si mi bando era el equivocado o si lo era la generación entera. Las respuestas a estas cuestiones son un misterio, y desgraciadamente ningún individuo que haya nacido antes o después de nosotros nos las podrá responder con total acierto y, sobre todo, con sinceridad. Lo único que podemos hacer es esperar a ver si nuestras mariposas revolotean de nuevo alrededor de los pistilos del paraíso o si, por castigo, se les desgastan las alas y caen en picado a una vida de rutinas anatómicas que todos repetimos de memoria. Mientras tanto, flotaremos en el aire.
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Prefiero una tostadora

    Escribo esto desde San Petersburgo, una ciudad anticuada donde las revolucionarias ideas de occidente no han acabado de inyectarse en la vida de sus gentes. Pero yo no soy anticuado, pues pertenezco al sur de Europa, tan moderno para unas cosas y retrógrado para otras.

Hoy, mis estudiantes me han hecho una pregunta muy peculiar: ¿Quiere tener hijos? Y digo que es muy peculiar porque normalmente no se lo preguntan entre ellos. Esto sólo se lo plantean a los extranjeros. Los rusos tienen un instinto de supervivencia. Cada uno sabe que tarde o temprano va a tener que apechugar con ser padre. Yo, como soy de España, y por tanto también soy moderno, les he respondido que no quiero tener hijos, sino una tostadora.

Para empezar, tener una tostadora es más fácil que tener un niño. La tostadora la puedes adoptar de cualquier tienda de electrodomésticos. Las hay de todos los tamaños y colores, de una, de dos y hasta de tres hendiduras en las que poder tostar tus bimbos. Además, una tostadora la puedes devolver a la tienda en caso de que no quiera comportarse bien, un niño no.

Asimismo, las tostadoras suelen hacer menos ruido que los niños, aunque hay algunas razas muy ruidosas. A éstas últimas es mejor sacarlas a pasear de vez en cuando, y para ello recomiendo no hacerlo en un día lluvioso, sobre todo si la tostadora tiene un cable demasiado largo con el que pueda dar chispazos al resto de la gente que camina tranquilamente. En ese caso, es conveniente cortárselo.

Otra de las cosas que me gustan de las tostadoras es que no huelen tan mal como un churumbel. Una tostadora, a lo máximo que puede oler es a pan torrado, un niño, en cambio, huele a humanidad rancia, de esa que ya no queremos ver en los canales socialistas. Si bien es cierto que hay que limpiarlas de vez en cuando con un estropajo para que la roña no se les quede pegada, los niños muchas veces son insoportables cuando hay que cambiarles el pañal. No todo el mundo lo puede afrontar bien.

No hay que olvidar que las tostadoras también tienen conciencia y sentimientos, y nos lo demuestran cada mañana cuando nos levantamos para desayunar. Hay veces que la tostadora está tan feliz que te puede preparar unas tostadas de maravilla, perfectas. Otras veces, la tostadora está tan vaga que no quiere cocinarlas del todo, o se levanta con el pie izquierdo y las chamusca de forma despiadada. Esto no significa que tu tostadora funcione mal. Es que ha tenido una mala noche, una pesadilla, un recuerdo muy negro, y te lo quiere contar de alguna manera.

Por lo general, las tostadas siempre expresan lo que sienten o piensan, los humanos no siempre lo hacemos. Un niño puede volver enojado de la escuela y no querer hablar del tema, de manera que tú nunca sabrás nada a no ser que se lo preguntes a su maestra. Además, otras tostadoras nunca intentarán callar a la tuya, ni intentarán inculcarle las ideas y pensamientos que no te gusten, en cambio, otras personas sí que pueden influir en la personalidad y la actitud de tu niño. Por eso prefiero tener una tostadora.
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Mención honorífica | III Concurso de Letramargo

    Me han otorgado una mención de honor en el III Concurso de Nanonarrativa "Un párrafo, un mundo" que organiza la web Letramargo. Esta vez, el tema se me escapaba un poco de las manos, sin embargo, ha sido divertido haber podido participar en este certamen. Aquí se puede leer una noticia sobre el mismo, y este ha sido el microcuento mencionado.

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Los primeros zapatos

    En la vida de cualquier persona existe ese momento 
metamórfico en el que se pasa de joven a adulto. La gente crece y se plantea la posibilidad de cambiar su apariencia. Algunos expertos dicen que se debe cambiar el calzado, especialmente cada cinco años, y además afirman que se puede juzgar a una persona por los zapatos que lleva. En cierto modo, esto es verdad. Nadie puede llevar puestas durante toda la vida aquellas zapatillas Converse que entonces estaban de moda. Tarde o temprano, todo el mundo debe asistir a una reunión de empresa, a un funeral o a su propia boda, y uno no se puede presentar con unas deportivas raídas. Por tanto, es una decisión lógica y natural que cuando llegamos a cierta edad sintamos la necesidad de cambiar nuestro calzado de toda la vida por otro más apropiado lo que, aviso, no es coser y cantar.

Comprar unos zapatos nuevos parece algo fácil, pero no. Antes, tienes que mentalizarte en casa, es decir, tienes que sentarte en la cama y repetirte muchas veces frente a un espejo que quieres ser mayor. No todo el mundo consigue convencerse, pero hacer esto varias veces al día es un paso fundamental para saber si has madurado o sigues siendo un churumbel.

Luego, cuando tengas un día libre, debes salir de casa con decisión y dirigirte a la tienda de calzado más cercana. No importa si es cara o de los chinos. Allí escoges el estilo que más te guste, sin discriminación, pues para gustos hay colores. Sin embargo, es importante cuidar que no sean demasiado llamativos ni tampoco demasiado clásicos. Los zapatos que destacan demasiado te traerán problemas con tu familia y los más tradicionales harán que tus amigos perciban una imagen distorsionada de ti. Lo importante es sentirse cómodo con ellos, que no te impidan ir adonde quieras y que no afecten a tus relaciones personales.

Cuando encuentres tus zapatos ideales, pruébatelos. Debes asegurarte de que no te aprietan hasta cortarte la sangre y de que tampoco están demasiado sueltos. Pero cuidado. Los zapatos perfectos también sufren y tienen sentimientos. Hay que saber cuidarlos, y con esto quiero decir que hay que conocer cuál es el zapato más adecuado para tus pies para no forzarlos y que te dejen en ridículo en público. 

Una persona que tiene pies de elefante puede dañarlos con el primer uso, en cambio, una persona con pies de hormiga apenas llenará toda su cavidad, y es posible que de un zapatazo los pierda para siempre. Por eso es imprescindible conocer la talla de pie que gastas, no solo para preservar el zapato, sino también para no perjudicar tu reputación. Si no haces caso de mi advertencia, te darás cuenta de que es un infierno caminar por la vida como si te sujetaran los pies, así como que es lamentable ir por ahí perdiendo los zapatos (en el colegio conocí a varias personas que los perdían constantemente).

Una vez que los hayas adquirido, viene la parte más difícil: estrenarlos. Como la mayoría de los adultos ya saben, porque lo han sufrido alguna vez, unos zapatos nuevos no se pueden disfrutar. La primera vez que te los pongas te dolerá, y por la noche llegarás a casa con todo tipo de heridas en los pies. Hay que darles tiempo. Al principio pueden ser muy estrechos, pero con el paso de los días irán adaptándose a la forma de tu pie y caminar con ellos será más cómodo. Tampoco hay que forzarlos. Un consejo es usar unos calcetines ni finos ni gruesos. Aunque es cierto que los calcetines se amoldan a todos los tamaños, los finos te crearán rozaduras y los demasiado gruesos impedirán que notes el tacto de tu nuevo calzado. 

No hace falta mencionar que no debes destrozar tus zapatos por el camino. En otras palabras, vigila bien por dónde pisas. Hay zapatos que resisten el asfalto así como los hay que prefieren la arena de la playa. Desde mi experiencia, puedo decir que a ningún zapato le sienta bien esa tierra salada que en invierno echan sobre las calles heladas. Es más, recomiendo no sacarlos en invierno si no quieres quedarte sin ellos.

Hay que resaltar que llevar zapatos no es ninguna obligación, ni mucho menos una necesidad básica, pero se hace necesario. Si bien podrías ir descalzo por la calle, que en determinados casos creo que es la mejor opción, la gente te mirará raro si lo haces. Hoy en día, los adultos andan con zapatos de todo tipo: altos, bajos, grandes, pequeños, con rayas, sin rayas, negros, blancos... Sin embargo, es un error pensar que se puede llevar el mismo calzado siempre. Las personas cambian de vida como de zapatos, sobre todo aquellas que están experimentando la transición de la juventud a la edad adulta. Tras el primer par de zapatos puedes pensar que no encontrarás otros iguales, pero no. Seguramente cambiarás de calzado varias veces, a no ser que seas muy fiel a tus primeras decisiones.

En resumen, elegir un par de zapatos no es sencillo, pero es necesario tomar esa decisión al menos una vez en la vida. Unos zapatos pueden determinar el presente y el futuro de una persona, pueden cambiar su imagen e incluso pueden afectar a su comportamiento en el día a día pero, ante todo, es indudable que llevar un buen par de zapatos es indispensable para madurar.
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El invierno en Rusia

invierno en Rusia
    El invierno en Rusia es para cogerlo con pinzas. Lo que puede pensar un español de pura cepa sobre esta época del año en este país puede ser lo típico: coño, qué frío. Sin embargo, cuando llevas un tiempo viviendo aquí te das cuenta de que este es el menor de los problemas.

El frío se puede llevar de cualquier forma, te abrigas y ya está, pero a lo que todavía no he conseguido acostumbrarme es a las escasas horas de luz en invierno. Aquí, a las tres de la tarde el cielo está tan negro como a las diez de la noche en Alicante, de donde vengo. Además, tampoco es que amanezca más temprano, normalmente tienes que esperar hasta las nueve y media de la mañana para poder ver algún mísero rayo de sol, de manera que tienes que andar buscando tu ropa en el armario con la linterna del teléfono para no despertar a la persona (y gato) que viva contigo. La calle tampoco está bien iluminada si vives en la periferia, a excepción de las zonas cercanas a lugares clave, como el metro, donde la luz no es un problema tan grande como el barro y la suciedad.

Es bien sabido que San Petersburgo es una de las ciudades más lluviosas de Rusia, pero eso no soluciona la cantidad de mugre y tierra que se acumula con el paso de los días. Esta roña hace más complicado, como mínimo, poder acceder a los distintos transportes de la ciudad que tienes que utilizar por narices si no quieres llegar como un bacalao a la oficina. Los más valientes, sobre todo los que viven cerca de sus trabajos, deciden ir a pie, aunque esto nunca termina muy bien cuando se combinan los charcos con las bajas temperaturas.

El hielo, para mí, es lo más ruin del invierno ruso. No se suele sufrir hasta bien entrado diciembre, pero cuando aparece se hace de notar. La gente recomienda utilizar calzado adecuado, con clavos, para hacerle frente, aunque en realidad no existe un remedio milagroso que evite que te pegues dos o tres tortazos a la semana. Los niños, en cambio, juegan a deslizarse por las placas de hielo que ellos mismos escarban, y se divierten. Por lo menos no hacen nada malo, puesto que aquí hay una costumbre muy americana que gracias a Dios va desapareciendo con los años. Me refiero a lo de escupir en el suelo. Parece que muchos rusos todavía no se han enterado de que viven en un país en el que la temperatura no sube del cero la mitad del año, de modo que sus "patajos" o "patos", como decimos en Elche, se quedan congelados en la acera hasta el final de la primavera para recordarte lo cochina que es la gente. No son pocos, pero tras una nevada fuerte como la de hoy pueden quedar cubiertos para que no pienses mucho en ellos.

Sí, por si te lo preguntabas, estos días ha nevado bastante en San Petersburgo, y también ha hecho un poco de viento en las zonas que no están abrazadas por demasiados edificios. Viento y nieve no es una mezcla de fenómenos atmosféricos que todo el mundo quiera experimentar. Es difícil caminar por la calle o pasear en tu día libre mientras una ventisca te azota la cara, por mucho que te intentes tapar, el frío penetra en la piel como una flecha. A mí me gusta a ratos, cuando quiero algo de acción, pero luego veo que esa acción espontánea mía es la rutina de aquellas personas que trabajan en la calle cada día como basureros, repartidores, quitanieves, etc.

En resumen, el invierno en Rusia no es para todo el mundo, al menos no para todo el que quiera vivir tranquilo y no como un ruso fornido alimentado a base de requesón y sopa de remolacha. Yo vengo de una tierra apacible de brisas cariñosas en la que las temperaturas no bajan de los cero grados. Cuando comparo vidas, la de aquí se puede resumir en ir de casa al trabajo y del trabajo a casa porque el clima no da para más. No digo que esto me supere, puesto que es mi segundo invierno aquí y yo no es que fuera el mayor fiestero ilicitano, pero sí que puedo decir que este invierno lo estoy sintiendo más intensamente que el anterior. Después de todo, se echa de menos un poco de calor (que no infierno) español.
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Día de la Hispanidad en el Centro Picasso

    El pasado 12 de octubre celebramos el Día de la Hispanidad en el Centro Picasso de San Petersburgo, donde continúo mi labor como profesor de español para extranjeros. Hubo música, historia, literatura, baile y comida. Fue un gran placer poder escuchar las canciones de mi querido compañero, Alberto Salamanca. Que la música siempre siga contigo allí adonde vayas.
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Quinto premio | I Certamen de Poesía sobre gastronomía

    El Centro Cultural Kemkem en Quequén, Argentina, me ha galardonado con el quinto premio en su Certamen Internacional de Poesía "En Honor a la Gastronomía" de Plaza de los Poetas. Ha sido una pena no haber podido asistir a la ceremonia de entrega de premios, pero igualmente ha sido un placer haber participado en su concurso. Mi agradecimiento a Carlos Bonserio, organizador del mismo. Este ha sido el soneto premiado, que también se puede leer en su página web.
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Tercer premio | I Certamen de Poesía sobre gastronomía

    El Centro Cultural Kemkem en Quequén, Argentina, me ha galardonado con el tercer premio en su Certamen Internacional de Poesía "En Honor a la Gastronomía" de Plaza de los Poetas. Ha sido una pena no haber podido asistir a la ceremonia de entrega de premios, pero igualmente ha sido un placer haber participado en su concurso. Mi agradecimiento a Carlos Bonserio, organizador del mismo. Este ha sido el soneto premiado, que también se puede leer en su página web.
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Recetas para no ofender

receta
    Las redes sociales se han convertido en lugares en los que la libertad de expresión siempre acaba diezmada por aquellos individuos que aseguraban defenderla. Después de todo, solo prevalece la opinión del usuario más influyente o más seguido en detrimento de aquella legítima idea de convertir Internet en un lugar en el que tuviera cabida las incontables formas que tenemos para expresar nuestra libertad de pensamiento.

Los límites de la libertad de expresión en Internet están claramente recogidos: incitación al odio, insultos o vejaciones, apología la violencia, etc. Sin embargo, lo que no está establecido es el nivel de expresión en el que se empieza a rozar alguna de estas faltas que, en muchos casos, ha sido motivo de sanción económica para algunas personas de nuestro país.

No hay que olvidar la famosa frase de Orwell: "La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír." Sin embargo, existen otros tipos de "molestias" o "malestares"  inventados por la mayoría de los usuarios "cabreados" que deciden lo que se puede escribir y lo que no en las cajas de comentarios. Esta sentencia es personal y subjetiva, pero se populariza gracias a los grandes influencers de las redes, que establecen lo que es ofensivo. Es muy frecuente atribuir una ofensa al que se expresa cuando no se encuentran argumentos convincentes o simplemente no se quiere seguir discutiendo. Por eso, no es de extrañar que cada vez más usuraios tengan miedo a escribir su opinión en las redes.

Para criticar este tipo de censura popula, últimamente está circulando una simpática tendencia por las redes sociales: comentar recetas de cocina. Obviamente, una simple receta de tortilla de patatas no hace daño a nadie (excepto a aquella persona que esté a dieta), y por eso que cada vez es más común ver este tipo de comentarios en una foto, un vídeo o una noticia. Aunque esta moda resulte original y graciosa, es un claro ejemplo de que nuestros pensamientos públicos en Internet están cada vez más limitados y que solo podemos ceñirnos a comentar cosas estúpidas e incoherentes que nada tienen que ver con lo que se habla o se piensa, pero no nos damos cuenta de que esta práctica continua está destruyendo lo poco que teníamos de libertad en la red.
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Lectura "La tempestad" de Manuel de Prada

    El martes, 19 de junio a las 20 horas tuvieron lugar unas "lecturas de verano" en el marco de las cuales leí en público fragmentos de la novela "La tempestad" de Manuel de Prada en la librería "Poryadok Slov" junto al río Fontanka de San Pertersburgo. Todo ello en el contexto del proyecto "Elijamos al mejor autor extranjero" en el que el Centro Español participa todos los años. Un placer para mí haber participado.
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Hagamos una excepción

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    Desde hace unos meses estoy trabajando como profesor de español en la gélida y lluviosa óblast de Leningrado, Rusia, más concretamente en la ciudad imperial de San Petersburgo. El invierno aquí es muy duro, tan duro que congela hasta los recuerdos más canallas que arrastré desde mi tierra. Sin embargo, a menudo se libera en mi interior una pretensión por saber cómo trascurre el día a día en mi patria. Entonces me pongo a leer alguna que otra noticia aleatoria en la red pensando que, quizás, en todo este tiempo que he estado fuera algo habría cambiado, pero no he hecho más que darme con un canto en los dientes al descubrir que todo sigue tan agarrotado como el día en que me despedí de mi familia.

La última noticia que he leído trata sobre un tema importantísimo, al menos para mí, como profesor de español en un país extranjero. Se trata de la polémica entre la sentencia de la RAE y el Consejo de Ministros por el uso de un femenino genérico.

He de decir que, antes de venir a Rusia para enseñar español, tuve que hincar los codos sobre todas las reglas gramaticales existentes en nuestro idioma, que no son pocas. De entre todas ellas, la más engorrosa era la del artículo porque el idioma ruso carece de éstos, sin embargo, la cuestión más confusa es el género de los sustantivos.
En ruso, los sustantivos también tienen género, pero lo tienen distinto al español. Por ejemplo, la palabra coche (машина) es femenina, mientras que ventana (окно) es masculina. Por estas cosas, a menudo tengo que recordar a mis estudiantes que no deben traducir directamente del ruso porque eso traería consigo errores tan frecuentes como decir "el ventana de la coche está roto".

Pero el idioma español no solo contradice a otros idiomas en su género, sino que también se contradice a sí mismo. Por ejemplo, en la regla que dice que todos los sustantivos que terminan en -o, -ema, -aje, -or son masculinos y que los que terminan en -a, -ción, -sión, -ad, -dad son femeninos, podemos encontrar excepciones tan fulminantes como la mano, la radio, la crema, el mapa, el idioma, el clima, el planeta, el sofá, el día, el tranvía y la flor.

En efecto, en materia de género, nuestro idioma es el líder de los más ambiguos del mundo. Por ejemplo, tenemos esas palabras especiales que yo intento aclarar a mis estudiantes como "palabras transexuales" porque tienen un artículo con distinto género según estén en singular o en plural. Es el caso de el arte/las artes, el águila/las águilas, el agua/las aguas, el aula/las aulas, el hacha/las hachas, el hambre/las hambres, el alma/las almas. Y luego está el maravilloso mundo de las palabras que cambian su significado según el género del artículo que las acompaña, como el capital/la capital, el cometa/la cometa, el margen/la margen, el pendiente/ la pendiente o el frente/la frente. Como podréis comprobar, la lección de los artículos es muy divertida, y lo es más cuando mis estudiantes me preguntan por qué la palabra "coño" es masculina y la palabra "polla" femenina, o por qué en algunos poemas de Lorca leen "la mar" cuando yo les he enseñado que se dice "el mar", o por qué en algunas zonas de España dicen "la calor" y no "el calor".  A mí se me cae la cara de vergüenza cada vez que me preguntan estas cosas, porque solo puedo reírme, por no llorar de lo difícil que es explicar mi propio idioma.

Volviendo al tema de los ministros y las ministras, la RAE dictaminó que, como norma, el masculino genérico sirve para generalizar un grupo de personas, sean hombres o mujeres, y que no es discriminatorio porque precisamente el masculino genérico no entiende de sexos, tal y como sucede en otras lenguas románicas. No obstante, si nos paramos a pensar un poco, la palabra ministro o ministra, al margen del género, no tiene un significado distinto del que pretende reflejar. Mi pregunta es, ¿qué más da cómo lo definamos? Aunque, claro, cabe la posibilidad de que, dentro de la esfera política de España, la palabra ministra represente un estatus más bajo que ministro, por eso la insistencia en utilizar un masculino genérico. No sé, digo yo...

Bueno, ¿y por qué escribo todo esto? Pues para decir que este año, entre clase y clase, he conseguido escarbar un poco de tiempo y he creado un pequeño coro formado por dieciséis mujeres rusas y dos hombres que, como yo, aman la música y el idioma español. Después de un año trabajando duro, a estas alturas las considero como mi familia. Recuerdo cuando en los primeros ensayos solo hablaba en masculino genérico, porque así me lo habían enseñado, pero poco a poco fui haciéndome a la idea de que era absurdo y, sobre todo, injusto, porque de dieciocho cantantes, solo dos eran hombres. Así que reflexioné y empecé a representar las cosas por su peso. Desde entonces, solo he hablado de "nosotras", y gracias a eso he llegado a una conclusión muy curiosa...

Descubrí que todo ese orgullo masculino que me impedía utilizar el femenino genérico nació en los tiempos del colegio de primaria cuando entre nosotros, los chicos, nos señalábamos con el dedo índice y nos decíamos "mariquita" cuando entrábamos por error en un baño de mujeres, o cuando la profesora se equivocaba y utilizaba el femenino genérico para dirigirse a toda la clase. En aquel entonces, aquellos bochornosos momentos nos parecían tan alarmantes como hoy en día este absurdo debate de si decir Consejo de Ministras o Consejo de Ministros.

Para terminar, me gustaría señalar que, desde mi punto de vista, el valor genérico debería estar determinado por el sexo predominante en un conjunto, ya sea un coro o un Consejo, por eso solo pido que hagamos una excepción como tantas otras que tiene nuestro idioma.
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