Artículo: Cómo encontrar la inspiración


Es la eterna pregunta que cualquier persona se ha hecho alguna vez. Desde la mitología celta que inspiró las leyendas artúricas hasta los pins de Pinterest que te dan ideas para decorar la casa. Absolutamente siempre se ha buscado algo que nos motivase a hacer alguna cosa.

Tchaikovsky se inspiraba paseando por los alrededores de su casa de veraneo en Klin. Frida Kahlo revolvía entre sus peores vivencias para ser más productiva. De Dalí se dicen cosas más turbias, por ejemplo, que canalizaba las energías cósmicas a través de las vibraciones de las moscas que se posaban en sus bigotes previamente embadurnados con miel. En cualquier caso, cualquier persona puede hallar, a su manera, la tan ansiada inspiración.

El filósofo Rubén Muñoz (2006) define la inspiración como "el estado en el que el artista se encuentra cuando se siente empujado a crear". Inspiración y creatividad son conceptos inseparables, a fin de cuentas, lo segundo depende en gran medida de lo primero. Es por ello que los grandes artistas, los que se ganan la vida creando, siempre han tratado de encontrar una fuente de inspiración en todo.

La búsqueda de la inspiración artística se remonta a la Grecia Clásica, época en la que se creía que las ganas de crear una obra de arte se debían a un antojo divino. La creatividad de los artistas, al menos en la teoría, dependía de las diosas inspiradoras de las artes; las musas. Desgraciadamente, en la sociedad actual las diosas nos han dejado un poco de lado (o quizás al revés), de modo que nos las tenemos que apañar solos para inspirarnos.

Es indiscutible que, como seres humanos, nuestras habilidades creativas se localizan en el cerebro. El hemisferio izquierdo se encarga de gestionar los procesos racionales y lógicos, como las matemáticas y el lenguaje. En el lado opuesto, el hemisferio derecho es el que interviene en la creación artística, como la música o las bellas artes, pues su función es más "perceptual, intuitiva e imaginativa" (Pérez Rubín, 2001).

"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando."
Pablo Picasso (1881-1973) Pintor español.

¿Eso quiere decir que la inspiración está en el cerebro? No, pero digamos que es el alimento que hace que nuestro cerebro se ponga las pilas en la creación. El catedrático Manuel Sánchez Méndez sostiene que "el artista está atento al exterior, es un gran observador y se deja afectar por lo que ocurre fuera". El mundo que nos rodea, lo que percibimos y decodificamos en el cerebro, es una gran fuente de inspiración. El mar, por ejemplo, fue la musa de Sorolla, pero también lo fueron las historias cotidianas de la gente humilde en la obra de Dostoievsky. Se podría decir que el sentido de lo que creamos está marcado por aquello que nos ha inspirado. Encontramos la inspiración en nuestro entorno porque queremos expresarnos sobre nuestro entorno. Para Kandinsky (1979) "el artista crea misteriosamente la verdadera obra de arte por vía mística que, separada de él, adquiere vida propia y se convierte en algo personal".

Entonces, ¿cómo podemos encontrar la inspiración artística? La naturaleza siempre ha sido una fuente de inspiración inagotable para los artistas. El ser humano nace, vive y muere en ella. Si la queremos encontrar cerca de casa, entonces ser observador y valorar lo que nos rodea es el primer paso. Hoy en día cualquier ciudad por muy pequeña que sea cuenta con jardines y cesperedas, pero yo me atrevo a decir que hasta un terreno baldío y un descampado entre fábricas pueden inspirar lo mismo que un riachuelo a la vera de un bosque. No olvidemos que muchos de los grandes de la literatura basaron sus historias en las zonas más pobres y abandonadas de las ciudades, como Dickens en su novela Oliver Twist o García Lorca en Poeta en Nueva York.

Si no te gusta el verde y los pajaritos, no es motivo para desanimarse. En las ciudades también podemos encontrar multitud de elementos que nos pueden empujar a crear una historia: un monumento, una fachada, una catedral... Hasta las mismas obras de arte pueden inspirar a otros artistas debido a que a menudo los arquitectos también se inspiran en reglas de la naturaleza, y no estoy hablando solo de la arquitectura barroca. Las doce vigas del Millenium Dome de Londres, por ejemplo, simbolizan las doce horas, los meses y las constelaciones (Foster, 2013).

Tampoco hay que olvidar la carga inspiracional de las emociones, la naturaleza propia del ser humano. Muchas veces el arte y la cultura son productos del estado psicoemocional del artista (Martínez-Falero, 2007). Nos podemos inspirar en emociones positivas, como el amor o la felicidad, pero también en las negativas. La tristeza, la nostalgia o la melancolía también fueron las musas de grandes artistas de la historia. Kahlo buscaba en sus tormentos a la hora de crear su obra pictórica, al igual que hacía Gaudí cuando se dejaba guiar por la curvatura de sus demonios de sus pesadillas. En este sentido, los conceptos abstractos del ser humano también valen. La muerte, por ejemplo, ha sido un tópico muy recurrente durante toda la historia de la literatura. Por todo ello, es importante que el artista comprenda el alma humana, su esencia, y que sea capaz, como dice Andrei Tarkovsky (1984) "de reproducir esa dimensión natural en las relaciones sutiles, los fenómenos más secretos de la vida, la complejidad y la verdad".

"Inspiración y genio son casi la misma cosa."
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

Como hemos visto, hay multitud de maneras para inspirarse, así que solo hay que escoger la nuestra. Kandinsky (1979) afirmaba que "solo es necesaria la libertad sin trabas del artista para escoger sus medios". Hay personas que encuentran la inspiración al escuchar música, mientras que otras se concentran mejor en la calma de la noche. Sin embargo, no siempre nos inspiran las mismas cosas.

A medida que madura el intelecto de una persona, cambian sus aspiraciones artísticas y por ende sus técnicas en pos de un desarrollo artístico mayor (Sánchez Méndez, 1996), lo que propicia que empiece a inspirarse en realidades distintas. La educación es, por lo tanto, un factor esencial en el desarrollo profesional y personal del artista, quien debe "profundizar en su propia alma para que su talento externo tenga algo que vestir y no sea como el guante perdido de una mano desconocida, un simulacro de mano, sin sentido y vacía" (Kandinsky, 1979). Gracias a esta adquisición de conocimientos, nosotros como artistas aprenderemos a expresar distintas realidades en base a nuestra visión de lo natural y al sentimiento que nos evoca. La obra final que crearemos tendrá nuestra esencia y será el lugar donde se exprese lo inmaterial de la realidad, la belleza de nuestra alma (Muñoz, 2006), lo que hemos construido sobre un cúmulo de inspiraciones.

Referencias:
  • Foster, Hal (2011) El complejo arte-arquitectura. Turner Publicaciones S.L. Madrid.
  • Kandinsky, Wassily (1979) De lo espiritual en el arte. Premia Editora S.A. México.
  • Martínez-Falero, Jesús (2007) El arte, el artista creador y su mundo. Anales de la Real Academia de Dcotores de España. Vol. 2.
  • Muñoz Martínez. Ruben (2006) Una reflexión filosófica sobre el arte. Thémata. Revista de Filosofía. No. 36.
  • Pérez Rubín, Carlos (2001). La creatividad y la inspiración intuitiva. Génesis y evolución de la investigación científica de los hemisferios cerebrales. Arte, Individuo y Sociedad, 13, 107.
  • Sánchez Méndez, Manuel (1996) Inspiración y creatividad en la producción y educación artísticas. Arte, Individuo y sociedad. No. 8. Universidad Complutense de Madrid.
  • Tarkovsky, Andrei (1991) Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine. Ediciones Rialp S.A. Madrid.