El error de interrumpir a un estudiante de idiomas

    Cuando uno de mis alumnos extranjeros, ya con la capacidad mínima para formar una frase, comienza a explicarme su vida en español, se me saltan las lágrimas. Que mis conocimientos hayan servido para enseñarle a otra persona a hablar mi idioma es para mí uno de los mayores placeres de la vida. Y más cuando esa persona empieza a contarte curiosidades de su país, su cultura y sus costumbres.

Hay que tener paciencia para escuchar hablar a un extranjero. Si careces de ellas, puedes ir olvidándote de dedicarte a la enseñanza de idiomas. Los primeros exámenes orales pueden parecer un hastío para el profesor sin experiencia; largas pausas, balbuceos incontrolables y un intercambio de miradas camaleónicas para quitarle importancia al asunto. Los cinco minutos de una exposición pueden convertirse en veinte. Entonces un profesor harto de quedarse callado, no puede resistirse a corregir cada error que cometa el estudiante, solo para matar el rato, para no quedarse embobado como un pasmarote. Dependiendo del lugar en el mundo en el que estemos, esas interrupciones se pueden tomar más o menos mal. 

Interrumpir a un estudiante de español es, a mi parecer, un hachazo a su motivación y autoestima. Poniéndome en su lugar, si alguien me interrumpiera en medio de una clase para decirme que hablo mal, aunque tuviera razón, pensaría que soy un patoso de cuidado y me encerraría en una cueva para siempre. Esto es una cosa que afecta sobre todo a los jóvenes. Alonso Tapia, Atkinson, Weiner, Dweck y Elliot y Kuhlt sostienen que la desmotivación juvenil es debida a "la elevada experiencia del fracaso" lo que causa que resten "valor" a lo que están estudiando. Dweck y Elliot (1983) consideran que las metas de ejecución se enfocan en la búsqueda continua del éxito y de juicios positivos por otros. Si el profesor está continuamente interrumpiendo al alumno por sus errores, "provocará que el fracaso afecte de forma sumamente negativa al estudiante."
“La educación está reprimiendo los talentos y habilidades de muchos estudiantes y está matando su motivación para aprender.” 
Ken Robinson (1950-2020), escritor inglés.
Asimismo, en el caso en que el estudiante perciba su tarea de forma negativa, es decir, si colaboramos para que el estudiante sienta que está haciendo mal o ha hecho mal los deberes, lo estaríamos sentenciando a seguir una "tendencia de evitación" (Valle y cols., 2007). Los estudiantes terminan motivados negativamente, diezmando sus metas para evitar el fracaso y los juicios negativos de los demás. Esto daría lugar a una baja autoestima.

Inmaculada Junco Herrera enumera varias fuentes de motivación fundamentales para el estudiante, como "el contexto externo a la actividad del alumnado, en el que se incluyen como esenciales las actuaciones del docente y la influencia de los compañeros." Si estamos corrigiendo constantemente a un estudiante puede provocar un efecto contraproducente y llevarlo a que cometa más errores o el mismo error más veces, lo que le generará una baja autoestima. 
“Pienso que el gran error en las escuelas es tratar de enseñar a los niños usando el miedo como motivación. 
Stanley Kubrick (1928-1999), director de cine estadounidense. 
Para evitar esto, Antonio Valle Arias plantea una serie de actuaciones beneficiosas para la autoestima del alumno como "fomentar su confianza, la participación y la autonomía" y "centrarse más en el proceso y no tanto en tanto en el resultado." Asimismo, Valle Arias destaca que "creerse y sentirse capaz" son factores importantes para generar un sentimiento de realización positivo. Por otro lado, Inmaculada Junco Herrera afirma que "los docentes deben ayudar a los alumnos a ser ellos mismos", por eso es importante proporcionarles un método y un conocimiento para que puedan descubrir sus capacidades, siempre permaneciendo "libres de espíritu".

En pocas palabras, interrumpir a nuestros estudiantes remarcando sus errores constantemente no es recomendable salvo que queramos generar una sensación de fracaso e inseguridad que posteriormente los empuje a perder el interés en aprender el idioma.